Adiós amigo Cristino, descansa en paz

Fallece a los 70 años el periodista y prestigioso crítico gastronómico de la Agencia EFE ‘Caius Apicius’.

Cristino Álvarez (A Coruña, 1947) falleció el 19 de enero en Madrid. Autor de una docena de libros y colaborador de medios especializados, el periodista de EFE recibió el Premio Nacional de Gastronomía en 1991 y en 2014 ingresó en la Real Academia de Gastronomía con un discurso sobre el vino y el Camino de Santiago. Jefe de Información en el área de política nacional e internacional, en 1981 comenzó a publicar crónicas semanales de gastronomía bajo el seudónimo Caius Apicius, que finalizaba con la frase “la imaginación a los fogones”. Según la Agencia Efe han sido más de 3.500 crónicas, la última de ellas publicada el pasado 15 de enero. En la fotografía, Cristino Álvarez (d.) en la presentación del libro ‘El Vino de Rioja’ en Salical 2003, junto al entonces presidente del Consejo Regulador, Ángel de Jaime, y el autor del libro, Javier Pascual.

Su permanente desafío a la enfermedad, que le iba minando desde hace años, no ha conseguido demorar un desenlace tan cruel como excesivamente temprano, pues a sus setenta años Cristino Álvarez siguió exhibiendo en sus escritos hasta el último momento una envidiable brillantez intelectual, un saber enciclopédico y un gran apego a las cosas buenas de la vida, que tanto contribuyó a divulgar y a comprender su alter ego ‘Caius Apicius’ desde su universal tribuna de la agencia EFE. Cronista durante años de la política nacional e internacional, con esa ironía fina de gallego que le caracterizaba iba sorteando las cornadas sin renunciar un ápice a su espíritu crítico y a su visión lúdica de la vida. Y ahí estaba siempre, como su principal baluarte “en la salud y en la enfermedad”, su esposa Maribel, un gran ejemplo para quienes hemos tenido la fortuna de disfrutar de su amistad.

Tuve también la fortuna de disfrutar de la generosidad de Cristino, otra de las muchas cualidades que le convertían en una persona cercana y entrañable, aún siendo el periodista gastronómico con mayor influencia desde que en 1981 sus crónicas semanales para EFE comenzaran a publicarse en multitud de periódicos. No solo accedió a escribir el prólogo del libro ‘El Vino de Rioja’, que publiqué en 2003, sino que protagonizó su presentación en la feria Salical junto al entonces presidente del Consejo Regulador, Angel de Jaime. ¡Gracias Cristino! Viniendo de alguien con tu gran talla profesional y humana, siempre serán para mí un motivo de orgullo los elogios que nos dedicaste tanto al autor como a la obra. En el acto de presentación dejaste patente tu altísima valoración de los vinos de Rioja, a los que considerabas “una de las mayores joyas gastronómicas con las que contamos en España”. Finalizabas declarándote “enamorado del Rioja” y agradeciendo el esfuerzo por la publicación del libro, “que ayudará a que a mucha gente le guste todavía más el Rioja al llegar a él, junto con la vía de la degustación, por la de la información”.

Ya había mostrado Cristino sobradamente su amor al Rioja cuando, en la primavera de 1996, fue investido en San Asensio cofrade de mérito de la Cofradía del Vino de Rioja. Pronunció un magnífico discurso -como todos los que tuve ocasión de escucharle-, en el que destacaba a Rioja como una de las grandes regiones vinícolas del mundo. “En tiempos en los que el acceso al vino en la mesa familiar no estaba anatematizado en nombre de la salud, (…) aprendí a querer a los ríos en función no del agua, sino justamente del vino, y a ir asociando los más grandes vinos de la Cristiandad a cursos fluviales. (…) Para quien, como yo, nació en los confines occidentales de la vieja Europa, justo en las costas del Mar Tenebroso de los antiguos, al final del antiquísimo Camino de las Estrellas, marcado en el cielo desde el principio de los tiempos y luego cristianizado, el Rioja era un vino “de casa”; al menos, de ese Camino que me atrevería a llamar no “de las Estrellas” ni “de Santiago”, sino “del vino”, en cuyo tramo central está, justamente, el vino por excelencia para el consumidor español, que asocia el Rioja ‑sería mejor hablar de los Riojas‑ al día en que repican gordo, al día que hay algo que celebrar”.

Fueron numerosas las ocasiones en que Cristino aceptó colaborar en nuestras iniciativas, entre las que citaré el apadrinamiento de la actividad ‘De Rioja y Tapas con los 5 Sentidos’, a cuya presentación en la sede del Consejo Regulador acudió en setiembre de 1998. Un ejemplo más de esa generosidad con la que nos obsequió a quienes tuvimos el honor de conocerle. Al igual que en colofón de su discurso de investidura como cofrade –“Estén seguros de que, esté donde esté, conmigo estará siempre el Rioja”– hoy le decimos que, esté donde esté, su ejemplo y sus enseñanzas permanecerán siempre en nuestro recuerdo. Un recuerdo que, con todo el afecto, queremos compartir con Maribel.  (Texto: Javier Pascual / director de La Prensa del Rioja).

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