Archivo mensual: junio 2014

La comunicación directa con el consumidor a través de las Redes Sociales

BodegasRiojanas_webLos tiempos en que el Departamento de Atención al Cliente era un apartado de Correos o una teleoperadora anónima no volverán. Los consumidores preguntan, se quejan, opinan en foros y redes sociales, se hacen fans de tu marca o la vilipendian sin el menor pudor. El boca – oreja ha dejado de ser privado y la reputación de las empresas se gesta en público. Desde el comienzo del boom de las redes sociales y el marketing digital hace poco más de un lustro, el impacto que están generando estos nuevos soportes de comunicación ha impulsado a bodegueros y compradores a abrir cuentas en twitter, facebook y otras redes sociales sin tener muy claro como sacar provecho de ello. La cuestión es que hay que estar sí o sí, ya que todo el mundo lo está haciendo.

Este proceso ha decantado y ha dejado en el camino a muchos que se cansaron rápidamente de actualizar su perfil, sus comentarios y fotografías porque no veían retorno alguno en términos comerciales. En el otro extremo están los que no han perdido la motivación para seguir avanzando en esta nueva forma de comunicarse directamente con los clientes. Hay pequeñas bodegas, con escasos recursos y nula estructura comercial, que han tenido éxito y han traspasado las fronteras ayudadas por sus cuentas en las redes sociales, logrando generar alto interés por parte de compradores de vinos y seguidores. ¿Se traduce ese interés generado a través de la comunicación online en consolidar ventas y red comercial, más allá del impacto inicial? Es la pregunta del millón.

Hoy en día se ha convertido en habitual dentro de cualquier plan de marketing incluir un plan de comunicación en redes sociales, sin que ello represente que se abandonen los canales de comunicación tradicionales, como la prensa especializada. Algunas empresas cometen el error de ir dando bandazos y apuntándose a la última moda, en lugar de mantener una línea constante en su estrategia de comunicación, única forma de obtener resultados a medio y largo plazo en la consolidación de la imagen de marca. Los objetivos a conseguir a través de las diferentes acciones contempladas en un plan de marketing van desde captar clientes y fidelizarlos, a difundir información corporativa, mejorar la reputación de la marca o gestionar momentos de crisis, entre otros. Y no para todo sirven las redes sociales.

Hay que tener muy claro que las redes sociales son una forma nueva de mantener contacto con los clientes y aficionados al vino, que puede ayudar al posicionamiento y reconocimiento de marca si se trabaja de forma coherente. Sirven además para tener retroalimentación y sugerencias de parte de los propios clientes para saber lo que quieren. Pero es muy difícil evaluar cuanta de esa gente está efectivamente comprando los vinos y la rentabilidad que puede obtenerse en términos comerciales de la inversión necesaria para atender adecuadamente la comunicación de la empresa a través de las redes sociales.

Esta semana tendremos ocasión de conocer de primera mano la experiencia en este campo de una bodega centenaria de Rioja que ha apostado por esa fórmula de acercamiento a los clientes a través de las redes sociales. Se trata de Bodegas Riojanas, que ha anunciado la inauguración el próximo jueves en su sede de Cenicero de una exposición que recoge el fruto de esa nueva forma de comunicación con sus clientes (https://www.facebook.com/hashtag/amigosderiojanas_enoartistasenred) . (Texto: Javier Pascual / director de La Prensa del Rioja)

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Yravedra contra el fraude de la chaptalización en Europa

Imagen antigua del prensado de la uva en Argenteuil (Francia).

Imagen antigua del prensado de la uva en Argenteuil (Francia).

Hace algún tiempo conseguí en la Feria del Libro una edición facsimilar de un pequeño librito titulado “Arte de hacer el vino”, del francés Cadet de Vaux, libro publicado en Pamplona en 1803. Resume los métodos enológicos recomendados por el Ciudadano Chaptal, ministro del Interior en Francia en aquella época revolucionaria. Aseguraba en su tratado que “si la mejor elección de sarmiento, el suelo y las estaciones influyen en la calidad de los vinos, influye aún más especialmente el arte de hacerlos bien, y sobre todo en los malos años”. Sin duda, la mera existencia de este tratado de Enología en tan temprana época pone en evidencia la razón por la que los franceses han llevado siempre ventaja en el negocio del vino. Explicaba el traductor de la versión española en la introducción que el “Arte de hacer el vino” según el método del sabio Chaptal le había parecido tan útil, que no había podido resistir el deseo de “comunicar sus luces a mis compatriotas, desterrando las añejas preocupaciones de los que, satisfechos con la rutina de su ciega práctica desprecian todo adelantamiento, como novedad peligrosa y poco necesaria”.

Esta semana, mi buen amigo Gabriel Yravedra, experto en cuestiones de legislación vitivinícola, me ha enviado el libro que acaba de publicar, un libro que tiene mucho que ver con aquel maestro francés de la enología llamado Chaptal y que se titula “El fraude de la chaptalización en vinos de la Unión Europea”. No hace falta que les diga quién dio nombre al método de la chaptalización a finales del Siglo XVIII. Yravedra se manifiesta, una vez más, radicalmente opuesto a la chaptalización. Analiza las nefastas consecuencias de esta práctica para otros países productores de la Unión Europea y el engaño que supone para el consumidor, al tiempo que propone medidas para erradicar definitivamente dicho fraude.

Como bien sabe toda la gente del vino, la chaptalización es una práctica enológica autorizada en la Unión Europea que consiste en la adición de azúcar de remolacha a los mostos de uva para aumentar la graduación alcohólica de los vinos. Reconoce Gabriel Yravedra que el tema de la chaptalización ha sido muy debatido durante años en numerosas reuniones técnicas y científicas de la Unión Europea y de la Organización Internacional de la Viña y del Vino. Le parece por ello “delirante e incongruente que estas organizaciones sigan autorizando en su legislación el uso del azúcar de remolacha en vinificación”, ya que, según el autor, incurren “en flagrante contradicción con la propia definición de vino adoptada por estos mismos organismos internacionales”. En esta definición se dice que “el vino es el producto obtenido exclusivamente por la fermentación total o parcial de la uva o de su mosto”. Concluye Yravedra que la autorización de la práctica se mantiene para “complacer intereses no legítimos de carácter puramente mercantil de las bodegas que utilizan este procedimiento”. 

El artículo 10 de la Ley del Vino de 2003, actualmente vigente en España, aunque prohíbe de forma general el aumento artificial de la graduación alcohólica natural del vino,admite que pueda haber autorizaciones puntuales “cuando concurran condiciones meteorológicas desfavorables”. Eso sí, añade la ley española que “en el marco de la normativa comunitaria vigente, queda prohibida la adición de sacarosa y de otros azúcares no procedentes de uva de vinificación para aumentar la graduación alcohólica natural de mostos y vinos”. Es obvio que Gabriel Yravedra, autor de la Ley que reguló la vitivinicultura española desde 1970 hasta 2003 y actual presidente honorario de la OIV, no ha tenido éxito hasta la fecha en su histórica cruzada contra la chaptalización en Europa. Pero me parece digno de elogio que continúe en el empeño a sus 85 años. ¡Suerte y salud para ver alcanzado su deseo! (El libro ha sido publicado por AMV Ediciones – www.amvediciones.com). (Texto: Javier Pascual / director de La Prensa del Rioja)

 

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San Millán de la Cogolla, monasterio viticultor en Rioja

El Monasterio de San Millán de la Cogolla pintado por el artista riojano Eustaquio Uzqueda.

El Monasterio de San Millán de la Cogolla pintado por el artista riojano Eustaquio Uzqueda.

La próxima semana se celebrará en el monasterio de San Millán el tradicional acto institucional del Día de La Rioja. Es un lugar emblemático para la comunidad riojana, lo que le convierte en escenario de celebraciones importantes. Fue, por ejemplo, el lugar donde se celebró el acto de constitución de la Cofradía del Vino de Rioja, que a finales de este mes conmemorará allí aquel primer capítulo de junio de 1984.

Y es que el monasterio de San Millán no solo nos legó las primeras palabras escritas en español por un monje anónimo en el Siglo X, sino también al primer poeta conocido de nuestro idioma, el lugareño Gonzalo de Berceo, que nos brindó en sus versos la primera referencia literaria al vino en nuestra lengua: “bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino”. Y en otra de sus obras, ‘Los milagros de Nuestra Señora’, el protagonista de la historia es un monje que visitaba con mayor frecuencia de lo aconsejable la bodega del monasterio. “El vino significa a Dios nuestro Señor, el agua significa al pueblo pecador”, sentenció el poeta riojano a mediados del Siglo XIII.

Durante toda la Edad Media el cultivo de la vid en Rioja aparece muy ligado a la iglesia y los monasterios, al igual que ocurrió en las zonas vinícolas europeas de renombre, sin duda por la trascendencia que el vino tenía para la religión cristiana. Fueran o no, como se dice, la siesta y el champán dos aportaciones decisivas de los benedictinos a la civilización, lo cierto es que la difusión de las órdenes monásticas de Cluny y el Císter permitió que los esquejes de las cepas borgoñonas y sus técnicas de cultivo y vinificación viajaran por toda Europa y fructificaran en los campos riojanos.

Durante la época de repoblación, los monjes ampliaron las zonas de viñedo mediante el llamado “contrato de plantación”, que permitía a los campesinos hacerse con la propiedad de los majuelos, como ocurrió en el siglo once en las villas de Alesanco, Cañas, Nájera y Tricio. Pero la mayor parte de las viñas propiedad del Monasterio de San Millán las cuidaban y cosechaban por cuenta de éste sus collazos y casatos, destinando una parte del vino al consumo propio y vendiendo el resto en la Corte de Nájera y en las hospederías de peregrinos de la Ruta Jacobea. Fueron los primeros puntos de consumo de este incipiente comercio controlado por el monacato emilianense, que mantendría intacto hasta el siglo XV su poder feudal. Todavía en el siglo XVI y siguientes, hasta la desamortización de Mendizábal en el XIX, el histórico cenobio poseía viñedos en localidades como Cárdenas, donde en 1.730 el administrador contabilizó dos mil cántaras, o en Casalarreina, donde en 1.815 vendió unas tres mil cántaras por valor de veintiséis mil reales.

Como escribía en La Prensa del Rioja el doctor en Historia Juan Manuel Palacios Sánchez el año en que San Millán fue declarado por la UNESCO ‘Patrimonio de la Humanidad’, “a través de más de ocho siglos, el más significativo y trascendental monasterio de La Rioja, ha reiterado su vocación vinícola, proyectando esta vocación en sus gentes, su economía, costumbres y folklore, o lo que es lo mismo, en la vida y cultura del pueblo riojano”. (Texto: Javier Pascual / director de La Prensa del Rioja)

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