Archivo mensual: marzo 2016

Noventa primaveras de Rioja

José Ortigüela (d.), fundador de Campo Viejo, y Demetrio Ortega (i.) brindan por sus noventa primaveras.

José Ortigüela (d.), fundador de Campo Viejo, y Demetrio Ortega (i.) brindan por sus noventa primaveras.

José Ortigüela y Demetrio Ortega nacieron el mismo año en que se creó el Consejo Regulador de Rioja y siguen exhibiendo la misma formidable salud de hierro de la que sin duda disfruta la institución que rige los destinos de la Denominación de Origen Calificada Rioja. Unos destinos en los que ellos han ejercido una influencia decisiva, pues no en vano fueron artífices de la fundación hace medio siglo de la mayor bodega de Rioja. En la primavera del 64 brotaron las vides con el esplendor que merecía la que sería una de las cosechas míticas de la historia de Rioja y nacía igualmente una de las marcas que revolucionarían esa historia milenaria: Campo Viejo. El espíritu emprendedor de Ortigüela acababa de poner los cimientos en San Sebastián de lo que sería el mayor emporio vinícola español, SAVIN, pero su mirada estaba puesta en sus orígenes, la pequeña localidad riojana de El Villar de Arnedo, y su ambición era crear una gran bodega de Rioja que le permitiera codearse con los ‘señores del vino’ que regían las bodegas centenarias. La decisión representó un hito histórico en la evolución de la propia Denominación, ya que Campo Viejo se convertiría en un auténtico emblema de la misma y un motor económico para toda la región. “Sin Campo Viejo y otras grandes bodegas –afirma Ortigüela-, Rioja no sería hoy lo que es, ni tendría el reparto de riqueza que su viñedo proporciona a una importante masa social, aunque este papel de impulso a Rioja quizás nunca se reconocerá suficientemente”. En El Villar tenía a su fiel escudero Demetrio Ortega, amigo inseparable de correrías infantiles, al frente del negocio bodeguero ‘Vinos Ortigüela’ que habían iniciado en plena postguerra y sin haber estrenado aún mayoría de edad, como comisionistas para los vinateros de la Alhondiga de Bilbao, que Ortigüela describe como “la catedral mundial del vino en aquella época”. Demetrio, que fue el primer empleado de Ortigüela y su hombre de confianza para la compra de vinos, sugirió bautizar con el nombre de un paraje de campos de cultivo situado en el término municipal de El Villar de Arnedo la nueva marca de Rioja con la que pretendían dar el salto del granel al embotellado, del vino anónimo al vino con origen y prestigio consolidado, pues en esos años sesenta Rioja era el único nombre con el que se denominaba al vino de calidad en España. Así nació ‘Viña Campo Viejo’ en aquella primavera del sesenta y cuatro, fruto de la ilusión y visión empresarial de estos riojanos hoy nonagenarios, que vuelven a juntarse para disfrutar de una botella del último vástago de la saga y para seguir compartiendo los incontables recuerdos de una intensa trayectoria vital en la que no faltaron momentos dramáticos, como los de la Guerra Civil, que les empujaron tempranamente a dejar la escuela y buscarse la vida en el negocio vinatero. El relato adquiere dimensiones épicas en las nuevas instalaciones de Campo Viejo, que ambos admiran y que sustituyeron en el año 2000 a las construidas en 1967 en el casco urbano de Logroño. Al igual que entonces, sigue siendo la mayor bodega de Rioja. Y la marca que ellos crearon sigue siendo líder en muchos mercados, fortalecida por la nueva visión aportada por el grupo francés Pernod Ricard, que Ortigüela elogia. También la obra de estos emprendedores, pioneros del Rioja moderno, es digna de elogio. Las marcas históricas habían dado nombre y prestigio al vino de Rioja, pero sin el impulso comercial dado por las nuevas bodegas para llevar el Rioja a todos los hogares españoles en aquellos años de la aparición de los supermercados y multiplicación de los restaurantes con el ‘boom’ turístico, no se hubiera pasado de una producción de apenas cien millones de litros, el 80% vendido a granel, a casi trescientos millones de litros vendidos todos ellos embotellados. Pero, sobre todo, su labor y su memoria es digna del mayor respeto, un valor que desafortunadamente no está de moda en los últimos tiempos. (Texto: Javier Pascual / director de La Prensa del Rioja)

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