IN MEMORIAM: Luis Cañas, labrador de un sueño

Texto: Javier Pascual / director de La Prensa del Rioja

00-1_LUISCAÑAS2014-1El bodeguero Luis Cañas, fundador de la bodega que lleva su nombre en Villabuena de Álava, falleció ayer, día 11 de diciembre, a los 91 años. Hace poco más de un año que se celebraba en la bodega una gran fiesta de homenaje, en la que se presentó el libro biográfico ‘Luis Cañas, labrador de un sueño’, que tuve el honor de escribir y editar. Como decía en la introducción de ese libro, cuyo texto resumo aquí, su historia es la de un trabajador humilde, la de uno de esos hombres y mujeres del campo que con su esfuerzo e ingenio han contribuido desde la base a escribir la historia del vino de Rioja, a forjar el éxito actual de esta Denominación de Origen. No hablamos por tanto de una gran gesta empresarial, ni de un personaje con gran notoriedad y reconocimientos públicos, sino de un hombre sencillo, uno de esos ‘cosecheros’ con capacidad emprendedora y visión de futuro, que crearon un pequeño negocio vitivinícola familiar. Dentro de ese amplio colectivo de viticultores y ‘cosecheros’, Luis Cañas supo dar el paso adelante que le convirtió en pionero de la venta del vino embotellado a mediados de la década de 1960, que le permitió dotar de un nombre propio a su negocio y que, en consecuencia, le hizo sobresalir y distinguirse del resto. Por si fuera poco, también supo sembrar la semilla de la pasión por el vino en su hijo, semilla cuyos frutos superan con creces las más altas metas que hubiera podido imaginar.

Forjado en una cultura del esfuerzo, trabajo, constancia y tenacidad, eran cualidades que ya adornaban a aquel joven que sabía buscarse la vida en la tierra que amaba y que no abandonó como hicieron sus propios hermanos y tantos de sus amigos en busca de las mejores oportunidades que ofrecía la ciudad. Luis atendía la pequeña hacienda agrícola con su padre, llevaba jornales a casa como peón de la construcción y ganaba unas pesetas como alguacil del Ayuntamiento de Villabuena. Aquellos años cuarenta y cincuenta fueron tiempos de escasez en España y no se le caían los anillos por recorrer el pueblo corneta en mano voceando el “se hace saber….” con el que empezaban los bandos.

Autodidacta y perfeccionista, Luis era de los que creen que para hacer bien un trabajo te tiene que gustar. Siempre quiso hacerlo todo perfecto, ser el mejor. “Y en eso creo que Juan Luis aún me supera”, reconocía complaciente. Heredero de saberes ancestrales, creía que había cosas que se hacían de una determinada manera por desconocimiento de algo mejor, pero que también hay otras muchas cosas que van a valer para siempre. “Muchos me preguntan si ahora salen los vinos mejor o peor que antes y siempre les digo que mucho mejor de paladar y de todo, incluso más sanos“. Aunque no sin la resistencia propia de su espíritu crítico y exigente, esta adaptabilidad a los cambios que demostraba Luis, su capacidad para ponerse al día y asumir las nuevas formas de entender la viticultura y el vino, fueron una de las claves de su trayectoria personal y profesional, una de las razones por las que su negocio tuvo un mayor desarrollo que el de otros convecinos que partían de circunstancias similares.

En mis primeras visitas a la bodega allá por el año 1990, pude comprobar que Luis era un hombre muy discreto y observador, que había asumido el relevo generacional. Él siempre permanecía en segundo plano, oportuno en sus observaciones, incansable en derrochar elogios sobre la exitosa gestión de su hijo, atento sobre todo a que cada cosa estuviera en su lugar y a que todo saliera perfecto para que el visitante se llevará la mejor impresión. Desde la sombra, su figura se agrandaba, cautivando a todos con el relato siempre ameno de sus experiencias. Un gran narrador de historias, hábil reproduciendo diálogos, intercalando preguntas y utilizando con fluidez un vocabulario salpicado por muchas expresiones propias del uso popular en los pueblos riojanos. En estos últimos años, desde ‘El Mirador de Luis’ -una sala acristalada construida en el viñedo que hay junto a la bodega y desde la que se domina todo el mar de viñas que se extiende hacia el noroeste- contemplaba con indisimulado orgullo los logros de su hijo y recibía con mirada chispeante a su nieto Jon cuando venía de trabajar de las viñas. Entrañable y muy familiar, Luis Cañas era sobre todo un hombre de principios. Una de esas gentes sencillamente grandes.

 

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Homenaje a los ‘otros valores’ del Rioja en memoria de Luis Vallejo, expresidente de Bodegas Cune

Texto: Javier Pascual / Director de La Prensa del Rioja

Una vez más tenemos que lamentar el fallecimiento de otro miembro de esa generación de bodegueros que en el último tercio del Siglo XX impulsaron la segunda revolución industrial del Rioja. Unos lo hicieron con la creación de nuevas empresas bodegueras, otros con la modernización de las ya centenarias, como es el caso de Luis Ignacio Vallejo Chalbaud, cuarta generación de la familia Real de Asúa fundadora de la Compañía Vinícola del Norte de España (Bodegas CUNE) en 1879. Un ejemplo significativo de la gran implicación histórica que han tenido los inversores vizcaínos en la industria vinícola riojana desde el Siglo XIX. 

Luis Vallejo fallecía a los 84 años en su casa familiar de Guecho el pasado 21 de noviembre. Licenciado en Derecho, dirigió la bodega fundada por su bisabuelo durante las tres décadas que situaron a la Denominación Rioja entre las grandes regiones vinícolas del mundo. Un salto cualitativo debido, entre otras razones, a la modernización de las propias empresas bodegueras, como CUNE, y a las decisiones estratégicas que marcaron el rumbo actual de la Denominación, cuyo éxito ha demostrado la gran visión de futuro y capacidad de liderazgo que tuvo esa generación de bodegueros coetáneos de Luis Vallejo. Con solo 20 años fue nombrado consejero de la bodega, con 33 se incorpora a trabajar como Director Gerente (era el año 1969) y solo cuatro años después asume la presidencia de la sociedad, en la que permanece hasta pasar el testigo a su primo Víctor Urrutia Vallejo el 28 de abril de 2004.  

Hombre afable, elegante y siempre muy discreto, no se prestó nunca a la proyección pública de otros o al protagonismo en las instituciones. Incluso cuando le tocó presidir la asociación bodeguera ARBOR, en época de agrias polémicas internas del sector, parecía sentirse incómodo, buscando permanecer en segundo plano. Al menos esa fue mi percepción, la imagen que me transmitió cuantas veces tuve ocasión de charlar con él. La imagen de un empresario de naturaleza optimista, capaz de afirmar que “a veces se toman decisiones en contra del interés crematístico y en favor de la satisfacción de obtener un vino del que sentirse orgulloso”. Lo decía en la entrevista que protagonizó por estas fechas de noviembre del año 1987 en el nº 21 de La Prensa del Rioja, dejando muy claras sus prioridades cuando nos aseguraba que poder ofrecer un vino como Imperial -su favorito- “proporciona una satisfacción no comparable con nada”. Y sobre todo cuando consideraba que en el vino “hay una tradición familiar, un nombre, un prestigio, difíciles de evaluar en términos económicos y que, sin perder de vista el aspecto empresarial, llenan mucho más”. También nos dejaba una muestra de su natural optimismo cuando, tras apuntar a la política de calidad como mejor garantía de futuro y al creciente interés por el Rioja como beneficio más concreto de la entrada de España en el Mercado Común, finalizaba la entrevista asegurando que “podemos darle al vino un mayor valor añadido si sabemos aprovechar las oportunidades del mercado actual”. Un reto que tres décadas después sigue siendo prioritario para Rioja.

Luis Vallejo supo también contar con profesionales de la talla del enólogo Basilio Izquierdo y del empresario José Madrazo, impulsor junto a la familia Pérez Villota de la creación de Viñedos de Contino en 1973, el primer “château” de La Rioja, del que Luis se sentía especialmente orgulloso. También representó para él un hito muy importante -el de su despedida al frente de la compañía- la inauguración de la nueva e innovadora bodega Viña Real en Laguardia, junto a la finca de Contino. Desde La Prensa del Rioja, nuestras condolencias a su esposa, Mª Pilar Garay, y a toda su familia.

FOTOGRAFÍA: Luis Vallejo en la entrevista publicada por La Prensa del Rioja en 1987

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