La primera asociación de bodegas exportadoras de Rioja se fundó en Haro hace 110 años

“El Sindicato de Exportadores de vinos de la Rioja, con domicilio en Haro, viene funcionando desde su creación en abril de 1907 con toda actividad y desplegando un verdadero celo en todas aquellas cuestiones que afectan a los intereses vitivinícolas de la región y nación en general”. Así comenzaba su escrito en la publicación El Mercurio de marzo de 1909 don Arturo Marcelino, bodeguero y presidente de dicho Sindicato de Exportadores, así como alcalde de Haro durante los primeros años del siglo XX, para pasar a reseñar algunas de las actividades realizadas, entre las que destaca “como uno de sus éxitos el que a su instancia haya sido derogada la Ley de 14 de julio de 1894, que permitió la entrada con franquicia de los vinos franceses para su mezcla con los nacionales y destinados a la exportación, monopolio que se ejerció por algunas casas del puerto de Pasajes, con notorio perjuicio, y que exportaban al mercado de Ultramar con la marca “Rioja” como si aquellos caldos extranjeros sirvieran de vehículo, cuando dentro de España los tenemos similares en mejor calidad y marca tan acreditada y preferida por aquellos compatriotas que los necesiten”. El viñedo riojano aún no se había recuperado entonces del ataque de la filoxera, pero era manifiesta la preocupación por el uso fraudulento de la marca “Rioja”, acreditada ya en algunos mercados. La declaración de intenciones de los fundadores del Sindicato no dejaba lugar a dudas cuando afirmaban que “será de suma trascendencia para esta comarca si, entre otros propósitos, prevalece el de garantizar la autenticidad de la procedencia de los vinos de la Rioja en los mercados extranjeros”.

Cita igualmente el presidente la protesta formal llevada a cabo por el Sindicato de Exportadores ante los poderes públicos por las abusivas tarifas aplicadas por la Compañía Trasatlántica de Barcelona (“por fletes desde los puertos del Norte para los vinos en barricas pesetas 44 a Habana, 55 a Veracruz y 66 a Tampico”), tarifas que conculcaban el contrato suscrito por la Compañía con el Gobierno y que le obligaba a no exceder “las que para iguales destinos rijan ordinariamente en servicios extranjeros paralelos”. Y tras afirmar que “digna es de aplauso la conducta que viene siguiendo desde su constitución”, concluye enumerando por orden alfabético a “las importantes casas” fundadoras de este Sindicato: “Ángel Gómez de Arteche, Arturo Marcelino, Ángel Santiago, Bodegas Franco Españolas, Bodegas Bilbaínas, Bodegas Riojanas, Compañía Vinícola del Norte de España, Felipe Ugalde, Félix Azpilicueta Martínez, Federico Paternina, Leonardo Etcheverría, La Rioja Alta, La Rioja Alavesa, Bodegas Hispano-Francesas, Martínez Lacuesta, Viuda de C. Roig y Charles Serres, Viuda e hijo de J. Iturriagagoitia”. La mayoría de estos nombres son hoy prestigiosas bodegas, a las que podemos considerar como auténticos pioneros de la exportación del vino de Rioja, de su vocación universal o globalizadora, que dirían ahora. Por ello, la proyección actual de la D.O Ca. Rioja en los mercados internacionales no es flor de un día, ni mérito exclusivo de neófitos “descubridores” (nuestros bisabuelos ya “hicieron las américas” hace un siglo), sino el fruto del bien hacer de varias generaciones.

El Sindicato de Exportadores de vinos de la Rioja, que apenas aparece citado en la bibliografía existente sobre los vinos de Rioja, sería a nuestro entender la primera agrupación bodeguera creada en la región con objetivos eminentemente orientados a favorecer la comercialización de sus vinos en los mercados exteriores, así como a garantizar el origen con un sello propio, precursor de la certificación del Consejo Regulador, cuya creación en 1925 impulsaron el Sindicato de Exportadores junto a otras asociaciones como la Federación de Sindicatos Agrícolas Católicos de La Rioja, creado en 1910, y la Asociación de Viticultores Riojanos creada en 1912. Esta tradición asociativa evidencia la capacidad demostrada históricamente por el sector vitivinícola riojano para organizarse y vertebrar la defensa sus intereses, lo que sin duda ha constituido un factor clave en el éxito de la Denominación frente a sus competidores. (Texto: Javier Pascual / director de La Prensa del Rioja)

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Balance satisfactorio del 2016 en Rioja

Frente a la 'quiebra' de la D.O. que algún agorero auguraba por supuestos abandonos de bodegas, Rioja ha fortalecido su cohesión interna y ha mejorado su posicionamiento en los mercados.

Frente a la ‘quiebra’ de la D.O. que algún agorero auguraba por supuestos abandonos de bodegas, Rioja ha fortalecido su cohesión interna y ha mejorado su posicionamiento en los mercados.

El excelente balance que la D.O. Calificada Rioja puede exhibir del pasado año 2016 permite confirmar el acierto de la estrategia diseñada por el sector para orientar sus productos hacia los segmentos de más valor añadido. De acuerdo con el balance ofrecido por el Consejo Regulador, Rioja ha logrado un nuevo incremento del valor de sus ventas en torno a un 4%, lo que sumado al 5% del año anterior confirma la mejora del posicionamiento de sus vinos en el mercado.

También los datos del Observatorio Español del Mercado del Vino indican que el valor medio por litro de las exportaciones de Rioja es un 55% superior a la media de los demás vinos con DOP, multiplica por cuatro el precio medio del conjunto de vinos españoles exportados y es un 23,2% superior a la media de todos los vinos embotellados que importan sus doce principales destinos exteriores.

Además, tras un crecimiento acumulado de 25 millones de botellas entre 2013 y 2015, Rioja ha consolidado en 2016 el record alcanzado el año anterior, con un volumen de comercialización de más de 386 millones de botellas anuales en un centenar de países. Destaca especialmente el signo positivo en el mercado español por cuarto año consecutivo y el nuevo aumento de las ventas de vinos blancos, por encima incluso de otras zonas de referencia en este tipo de vinos, fruto de la estrategia impulsada por Rioja para renovar y diversificar su oferta.

El año 2016 -el del 400 aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes- comenzaba con el sobresalto de la salida de la Denominación de una bodega con cierto renombre, del que también el autor del Quijote preferiría no acordarse. Una fuga que algunos titulares sensacionalistas consideraban ‘un terremoto’ para el sector vitivinícola riojano, confundiendo los deseos de quienes los escribían con la realidad. Y aunque el año ha seguido amenizado por las sempiternas veleidades políticas que amenazan con la separación del territorio alavés amparado por la D.O.Ca Rioja, así como con el desaguisado de los criterios de reparto de las nuevas plantaciones de viñedo, que ha hecho olvidar que el verdadero éxito para Rioja es haber conseguido limitar un crecimiento incontrolado y desestabilizador, el balance final de 2016 puede considerarse muy satisfactorio.

Nada ha desviado un ápice a esta denominación de su firme trayectoria, basada en un modelo de calidad que cuenta con la confianza del consumidor, que proporciona rentabilidad a viticultores y bodegas y que ha favorecido el desarrollo de muy diferentes modelos de negocio, desde los viticultores individuales a las cooperativas y desde las pequeñas bodegas de cosechero a las empresas bodegueras más representativas del sector vitivinícola español. (Texto: Javier Pascual / director de La Prensa del Rioja)

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Entre zarcillos, probetas y pupitres. ¡Gracias maestros!

El profesor Martínez de Toda considera que "el viticultor riojano destaca por su patrimonio cultural vitivinícola y su preparación técnica".

El profesor Martínez de Toda considera que “el viticultor riojano destaca por su patrimonio cultural vitivinícola y su preparación técnica”.

Aunque no se estilen los gestos de agradecimiento a quienes nos precedieron, considero moralmente justo dar la relevancia que merece a la aportación de los maestros de la ‘ciencia del Rioja’, pues sin duda ha resultado fundamental para cimentar el éxito actual de esta denominación de origen. En estos tiempos de fatua vanidad, frente al reconocimiento a su legado, se lleva más el gesto soberbio de una pretendida superioridad que menosprecia y trata de empequeñecer cuantos logros alcanzaron nuestros mayores. ‘Olvidan’ que el camino de la ciencia, como el de la selva, necesita desbrozadores que lo allanen. A lo largo de sus treinta años de historia, las páginas de nuestra revista han dado testimonio y rendido homenaje a la labor de históricos como Antonio Larrea, con quien tuve el honor de colaborar durante varios años, o de Manuel Ruiz Hernández, quien sigue impartiendo doctrina de forma infatigable casi sesenta años después de su incorporación a la Estación Enológica de Haro. Podría citar a varios más de estos ‘maestros de cabecera de la ciencia del Rioja’, pero en esta ocasión quiero resaltar solamente la figura de un coetáneo mío, el doctor en Viticultura Fernando Martínez de Toda, con motivo del reportaje que le dedicamos en el último nº de La Prensa del Rioja: “La viña en las aulas. Treinta años de investigación aplicada”. Afirma el profesor Martínez de Toda que “el viticultor riojano destaca por su patrimonio cultural vitivinícola y su preparación técnica”. Las tres décadas que lleva impulsando el progreso de la vitivinicultura riojana desde la investigación aplicada y la docencia en las aulas de la Universidad de La Rioja, proporcionan a Fernando Martínez de Toda, el único catedrático de Viticultura que hay en España, una autoridad incontestable. Desde la perspectiva del tiempo será más fácil valorar la importancia de su legado, tanto por su participación en la creación del Magister de Viticultura en 1988, la Licenciatura de Enología en 1996 y el Instituto de Ciencias de la Vid y del Vino (ICVV) en 2008, como por algunos hitos de su labor investigadora -variedades minoritarias en Rioja, análisis genético del material vegetal, mecanización de la viticultura, efectos del cambio climático…- y el fruto de su auténtica vocación: la formación de al menos un millar de enólogos repartidos ahora por toda la geografía española.

portada-219Tal como reflejamos en las páginas de este número especial de La Prensa del Rioja en el que publicamos la entrevista al profesor Martínez de Toda, a su contribución se suman otras igualmente significativas para que la D.O. Ca. Rioja ostente el liderazgo en la innovación vitivinícola. Es el caso de la centenaria Estación Enológica de Haro, que ha incorporado la resonancia magnética para garantizar la trazabilidad y autenticidad de los vinos, o de la industria auxiliar del vino, que cada año nos frece un aluvión de novedades. Una buena parte de estas novedades podrán verse la semana próxima en la feria Enomaq 2017 , el certamen vitivinícola, oleícola y hortofrutícola más prestigioso del sur de Europa, en el que más de 1.000 expositores darán a conocer las últimas novedades en técnicas, de maquinaria y equipos para bodegas y almazaras del 14 al 17 de febrero en Zaragoza. (Texto: Javier Pascual / director de La Prensa del Rioja)

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El regreso a los orígenes, opción de futuro para Luis Gutiérrez, el paladar español de la guía Parker.

Para Luis Gutiérrez el futuro de Rioja está "en aquellos vinos que sean capaces de expresar todo lo que tiene que decir el territorio y, a ser posible, con las variedades más específicas de ese territorio".

Para Luis Gutiérrez el futuro de Rioja está “en aquellos vinos que sean capaces de expresar todo lo que tiene que decir el territorio y, a ser posible, con las variedades más específicas de ese territorio”.

Luis Gutiérrez, elegido por Robert Parker para ser el paladar español de ‘Wine Advocate’, tiene muy claro cuando hablamos de la evolución en el mundo del vino que “no hay que volverse loco y empezar la casa por el tejado, pues todos los cambios son complejos y necesariamente lentos en este sector”. Así nos lo explicaba en la entrevista publicada en el nº 218 de La Prensa del Rioja y realizada durante su última gran cata de vinos de la D.O. Calificada Rioja en la sede del Consejo Regulador. En la siempre valorada y respetada opinión de este experto, “la vanguardia solo puede ser la punta de la pirámide que poco a poco vaya permeando y marcando la ruta”. “Si en Rioja se intenta imitar la estructura que hay en Borgoña y no se ponen bien los cimientos del cambio, puede salir el tiro por la culata, como ha ocurrido con las denominaciones de Vinos de Pago, que no tienen ni pies ni cabeza”.

El problema de fondo es que la gran mayoría de consumidores no entiende mensajes tan complejos como los que el sector del vino intenta transmitirles. “No hemos sido capaces de crear cultura del vino”, lamenta Luis Gutiérrez, que se muestra pesimista sobre la evolución del consumo de vino en España: “el vino no está de moda y los jóvenes no beben vino porque no hemos sido capaces de generar cultura del vino”. Incluso relativiza la capacidad de influencia de la que para muchos es la ‘Biblia’ del sector: “la lista ‘Parker’ se maneja de forma simplificada y a veces distorsionada; se ha exagerado la influencia y el valor de la opinión, que tiene su peso, pero no es para volverse loco”. Y deja claro cuáles son sus preferencias -“lo bueno y lo divertido es encontrar gente que no deja de buscar cosas nuevas, sin aferrarse a la misma fórmula”-, al tiempo que desmonta alguno de los tópicos sobre el denominado ‘estilo de vinos Parker’ cuando afirma que “el vino es superhedonista y tiene que dar placer, no se trata de que cuanto más bestia sea, mejor”.

Para Luis Gutiérrez el futuro de Rioja y del vino en general está “en aquellos vinos que sean capaces de expresar todo lo que tiene que decir el territorio y, a ser posible, con las variedades más específicas de ese territorio”. Acierto pleno, por tanto, de la estrategia de diferenciación que impulsó Rioja apostando exclusivamente por sus variedades tintas autóctonas. Luis Gutiérrez también cree en la tipicidad, tan denostada por algunos críticos no hace muchos años: “los que apostaron por esas variedades internacionales ‘mejorantes’, como Somontano, Navarra o Penedés, son los que están sufriendo más; en aquel momento parecía buenísimo, pero al final se ha vuelto contra ellos”. Y recuerda a aquel presidente del Consejo Regulador -Angel de Jaime- que mantenía con alguno de esos críticos tan arduas polémicas en defensa de dicha tipicidad a mitad de los años noventa, abanderando el eslogan de ‘innovar en la tradición’. El tiempo se ha encargado, como siempre, de poner a cada uno en su sitio. (Texto: Javier Pascual / director de La Prensa del Rioja)

 

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Un punto de madura sensatez a propósito de la larga y cálida vendimia del 2016

La vendimia en cajas refleja una realidad cada vez más extendida en la D.O. Ca. Rioja, acorde con su vocación de liderazgo en calidad.

La vendimia en cajas refleja una realidad cada vez más extendida en la D.O. Ca. Rioja, acorde con su vocación de liderazgo en calidad.

Uvas ‘de esperanza’ decíamos hace un par de vendimias, cuando el repunte de precios y positiva evolución del mercado evidenciaban que se dejaban atrás los peores años de la última crisis económica. Las uvas de la excepcional cosecha 2016 podrían darnos muchos más motivos para elevar el grado de optimismo del calificativo. Y así lo hemos hecho, coincidiendo con otras muchas fuentes informativas del sector, incluyendo los balances hechos públicos por unas cuantas bodegas. Desafortunadamente no han faltado, una vez más, los propagandistas del ‘Rioja en negativo’, como muy bien apunta la joven bodeguera Raquel Pérez en el reportaje publicado en el número de diciembre de La Prensa del Rioja y que protagonizan siete bodegueras riojanas.

Desde su perspectiva de vocal del Consejo Regulador, Raquel Pérez pone el foco sobre la diferenciación de Rioja con otras regiones vinícolas cuando asegura que “desde nuestra profesionalidad tenemos que tomar decisiones, aunque algunas sean impopulares, pero en comparación a lo que hacen otras Denominaciones yo veo que aquí se hacen bien las cosas, algo de lo que te das cuenta cuando viajas”. Por eso no entiende que, al igual que para muchas personas lo suyo es lo peor, “solo nos fijemos en lo malo”. Lo ilustra con un ejemplo de lo ocurrido en esta pasada vendimia, en la que “el control del rendimiento del viñedo ha sido algo muy bueno, pero la imagen que nosotros mismos hemos dado es la de tirar la uva por superproducción y no como consecuencia de un mayor control para aumentar calidad”. No ha sido casual la difusión de esa imagen. Como el propio presidente del Consejo, José María Daroca, aseguró en una entrevista, “en otra prestigiosa Denominación han descalificado más parcelas y tirado tantas uvas como aquí, pero nadie del sector ha salido a los medios a exponerlo públicamente”. La efímera campaña se aireó con llamativas fotos en las redes sociales y pueriles lamentaciones.

Llueve sobre mojado. Llueven, en este caso piedras, sobre el mismo tejado. Por poner solo un ejemplo, hace justamente veinte años la revista Decanter publicaba un reportaje sobre Rioja en la que tres jóvenes bodegueros riojanos decían de todo menos bonito sobre la Denominación. La llamada de atención del entonces presidente del Consejo, Ángel de Jaime, en un artículo titulado ‘Piedras contra nuestro tejado’ fue muy mal encajada por dichos bodegueros. Raquel Pérez pone un punto de madura sensatez cuando lamenta profundamente ese afán por resaltar lo negativo, “cuando tenemos motivos más que sobrados para sentirnos muy orgullosos de un modelo en el que, con diferentes apuestas y sensibilidades, todos tenemos cabida y nos respetamos”.

Más allá de la autocrítica, que siempre resulta muy saludable y contribuye a mejorar, estos kamikazes del vino se empecinan en la autoflagelación pública. Si de verdad les mueve la defensa del interés general, hay para ello cauces mucho más eficaces y discretos. No es solo una cuestión de comunicación, pues ya no estamos en 1996. ¿O quizás sí somos capaces de seguir tropezando en la misma piedra, o mejor dicho, tirándola al propio tejado? (Texto: Javier Pascual / director de La Prensa del Rioja)

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La historia del Rioja también se escribe en femenino

Portada del nº 218 de La Prensa del Rioja / Diciembre 2016. (Foto de Fernando Caballero, de Reproimagen).

Portada del nº 218 de La Prensa del Rioja / Diciembre 2016. (Foto de Fernando Caballero, de Reproimagen).

La obra clásica de Aristófanes ‘La Asamblea de las Mujeres’, actualmente en los escenarios en versión del riojano Bernardo Sánchez, plantea en clave humorística un hipotético gobierno capitaneado por mujeres, que termina con sabor agridulce porque lo que podría ser y no es, por prometedor que parezca, se debe a que en el fondo ambos géneros, masculino y femenino, conformamos una heterogénea y variopinta pléyade de seres humanos adornados indistintamente de virtudes y defectos.

Pero frente al sarcasmo del autor griego, que no ve solución a los vicios de la política, independientemente del género que la ejerza -música y letra que no suenan tan extraños 2.400 años después-, y frente a veleidades reivindicativas por cuestión de sexo, las siete bodegueras que protagonizan la portada del nº 218 de La Prensa del Rioja coinciden en plantear el tema de la gobernanza del Rioja desde el más puro pragmatismo y pensando en el fin antes que en los medios. Una muestra más de su capacidad para anteponer los resultados al lucimiento personal.

Sin ser las grandes olvidadas, lo cierto es que el mundo del vino –palabra masculina– ha relegado a la invisibilidad durante muchos años el papel decisorio de las mujeres, las mismas que han venido trabajando desde siempre en la viña y cada vez más en la enología, palabras ambas femeninas. Por primera vez La Prensa del Rioja reunió el pasado 9 de noviembre en el Centro Temático del Vino Villalucía de Laguardia a siete ‘Damas del Rioja’, no tanto con el fin de hacerles un homenaje, que también, sino principalmente para conocer su particular visión del mundo del vino y las razones que les han impulsado a asumir responsabilidades directivas en este mundo eminentemente masculino.

Siete mujeres con poder de decisión al frente de otras tantas bodegas que representan la diversidad de modelos empresariales de la D.O.Ca. Rioja: Cristina Forner de Marqués de Cáceres, Carmen Enciso de Valenciso, Marisol Ruiz Ijalba de Viña Ijalba, Conchi López de Aguileta de Señorío de las Viñas, Raquel Pérez de Ontañón, Gloria Santamaría de Pagos de Leza y Victoria Cañas de Díez-Caballero (en la fotografía, de i. a d.).

Todas están de acuerdo en que palabras como ‘esfuerzo’, ‘constancia’ o ‘memoria empresarial’ las han acompañado a lo largo de sus vidas y no dudan en ponerse de acuerdo sobre la necesidad de hacer cambios en la Denominación, pero con los pies en el suelo y teniendo claro cuál es su pasado y su presente. Una garantía de que el Rioja está muy seguro en sus manos.

(Texto: Javier Pascual / director de La Prensa del Rioja)

 

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Expresión auténtica y renovada

El jurado del Concurso de Vinos de Cosecheros de La Rioja, con el presidente del Consejo Regulador y el director de la Fundación Caja Rioja, promotora del concurso.

El jurado del Concurso de Vinos de Cosecheros de La Rioja, con el presidente del Consejo Regulador y el director de la Fundación Caja Rioja, promotora del concurso.

Asistimos hoy a una revisión de conceptos vitivinícolas que están devolviendo protagonismo a esos vinos que antaño denominábamos de ‘cosechero’, vinos que nos acercan al territorio, al paisaje, y cuya ‘autenticidad’ y ‘artesanía’ les reportó una buena consideración en los años setenta y ochenta, pasando el concepto ‘cosechero’ al ostracismo tras la revolución que experimentó el mundo del vino desde mitad de los años noventa. Este año se han cumplido 26 ediciones del Concurso de Vinos de Cosecheros de La Rioja, impulsado por la Fundación Caja Rioja con el objetivo de promocionar los vinos jóvenes elaborados y comercializados por viticultores. El número de pequeñas bodegas de cosechero y cooperativas que se decidían a embotellar y comercializar sus vinos con marca propia fue creciendo exponencialmente. San Vicente de la Sonsierra, Sotés y San Asensio se alzaron respectivamente con el primer puesto en tintos, blancos y claretes en la primera edición del concurso. Un resultado que podía encajar perfectamente con el ‘cliché’ que en aquella época se tenía del tipo de vinos más característico de cada localidad.

¡Cómo han cambiado las cosas desde entonces! En la viticultura, en la elaboración y, en definitiva, en la calidad de los vinos como resultado final de todas esas transformaciones. La nueva generación de viticultores riojanos, profesionales preparados al más alto nivel, han vuelto la mirada a los orígenes y están impulsando una oferta renovada de vinos dotados con la personalidad de sus viñedos de procedencia, una versión muy mejorada y, sobre todo, dignificada, de los ‘vinos de cosechero’ que hacían sus padres. Estos vinos de los productores vitivinícolas son la expresión más auténtica del terruño y de nuestros pueblos, conceptos que ahora hacen furor entre los gurús del vino y que incluso podrían convertirse en un futuro próximo en nuevas categorías reconocidas en el etiquetado.

La recién nacida Cata del Barrio de la Estación de Haro nos ha ofrecido en su segunda edición una fantástica muestra de lo que también representa la expresión más auténtica (y renovada) del rioja con mayúsculas, de los vinos que han hecho grande a esta denominación. Son los vinos de las bodegas centenarias que alumbraron la propia Denominación de Origen y que, como sus propias marcas indican en algunos casos (Viña Pomal, Viña Tondonia…), proceden de viñedos y parajes que les proporcionan un carácter, pero que ante todo son fruto de la mano del hombre, porque todos ellos se elaboran mediante ensamblaje de variedades y parcelas, a veces de un mismo entorno, a veces de parajes muy distantes. El experto prescriptor Pedro Ballesteros tuvo la feliz idea de ofrecernos en esta segunda edición de la cata los vinos base que conformarán el ensamblaje de una de las marcas emblemáticas de cada una de las siete bodegas del Barrio de la Estación. Y dejó claro que estos vinos, máxima expresión de creatividad, no deben considerarse de inferior categoría a los de una finca o viñedo singular, como acredita su extraordinaria calidad. (Texto: Javier Pascual / director de La Prensa del Rioja)

 

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