Archivo mensual: junio 2015

De terruños, fincas y municipios riojanos: Cordovín, por ejemplo.

Cordovín, pequeña localidad riojana de la comarca del Najerilla.

Cordovín, pequeña localidad riojana de la comarca del Najerilla.

Afirmaba en su reciente viaje a Rioja el prestigioso periodista y ‘master of wine’ británico Tim Atkin, investido Cofrade de Mérito por la Cofradía del Vino de Rioja, que esta Denominación de Origen se encuentra en un momento crucial de su devenir histórico y que, “una vez que es conocida en el mundo entero por hacer buenos vinos, es el momento de promocionar lo más posible sus terruños diferenciados“. Su recomendación parte del convencimiento, ya manifestado en ocasiones anteriores, de que debía explotarse “esa riqueza que tiene Rioja elaborando sus propios vinos a partir de las particularidades de cada viñedo, de cada viticultor y de cada variedad”. Esta rica diversidad es lo que ofrece al mercado la D.O. Calificada Rioja desde hace mucho tiempo y así lo hemos venido reflejando en las páginas de La Prensa del Rioja a lo largo de los últimos treinta años a través de los reportajes dedicados a localidades, comarcas y subzonas, o a la irrupción de nuevos estilos de vinos, como los de alta expresión o de autor a mitad de los años noventa, o a los vinos de finca que en aquellos años denominábamos de ‘estilo château’, por no hablar de los escasos monovarietales de graciano, garnacha e incluso mazuelo, pasando por los de variedades minoritarias como la maturana, la malvasía o la garnacha blanca. Y sin olvidar la primera oleada de blancos fermentados en barrica del año 90, o la selecta élite de tintos de maceración carbónica que dignificó a los tradicionales vinos de cosechero. Son solo algunos ejemplos, pues bien podríamos llenar la página solo citando estilos y tipologías. El dinamismo creador de las dos últimas décadas contradice de plano a quienes achacan a la rigidez normativa de la denominación supuestas limitaciones a sus impulsos innovadores. Quizás sea otra cosa lo que pretenden. Porque cuando se habla de reconocimientos legales, también es preciso hablar del sometimiento a reglas cuyo cumplimiento tienen la obligación de verificar los organismos certificadores si no se quiere engañar a los consumidores. Y no siempre los deseos y las pretensiones se corresponden con la realidad. Habla con buen criterio nuestro nuevo Cofrade de Merito Tim Atkin de “promocionar” los terruños y no parece preocuparle tanto como deben figurar en el etiquetado. Parece claro que fue un acierto para la región de Burdeos crear la famosa clasificación de sus bodegas a mediados del Siglo XIX, pero no parece que, bien entrado ya el siglo XXI, Rioja tenga mucho que envidiar de otros modelos como para echar marcha atrás y copiarles. Por el contrario, Rioja ha desarrollado su propio modelo y son otras regiones vinícolas del mundo quienes miran ahora hacia él porque ha funcionado con relativo éxito. Ante lo cual parece más lógico continuar profundizando en la mejora del modelo con aquellas innovaciones que el sector considere beneficiosas para su futuro. En este sentido, apuntaba en estas mismas páginas hace un año que el sistema de categorización de los vinos según su envejecimiento había cumplido cuarenta años y que, ante la evolución que ha experimentado la demanda de los consumidores y los estilos de elaboración de los vinos, podría ser un buen momento para plantearse la conveniencia de que este modelo de clasificación de los vinos de Rioja evolucione también, porque nada hay inamovible. Pero más allá de las regulaciones, sirva de ejemplo Cordovín, una localidad sin el pedigrí vinícola de otras, que promociona su especialización en el ‘clarete’, un tipo de vino muy singular de la comarca del Najerilla que no figura como tal en la tipología legalmente reconocida, ya que se considera una modalidad de rosado. Y no se muestran agraviados por tal falta de reconocimiento. ¿Lo necesitan realmente?. (Texto: Javier Pascual / director de La Prensa del Rioja)

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