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Balance satisfactorio del 2016 en Rioja

Frente a la 'quiebra' de la D.O. que algún agorero auguraba por supuestos abandonos de bodegas, Rioja ha fortalecido su cohesión interna y ha mejorado su posicionamiento en los mercados.

Frente a la ‘quiebra’ de la D.O. que algún agorero auguraba por supuestos abandonos de bodegas, Rioja ha fortalecido su cohesión interna y ha mejorado su posicionamiento en los mercados.

El excelente balance que la D.O. Calificada Rioja puede exhibir del pasado año 2016 permite confirmar el acierto de la estrategia diseñada por el sector para orientar sus productos hacia los segmentos de más valor añadido. De acuerdo con el balance ofrecido por el Consejo Regulador, Rioja ha logrado un nuevo incremento del valor de sus ventas en torno a un 4%, lo que sumado al 5% del año anterior confirma la mejora del posicionamiento de sus vinos en el mercado.

También los datos del Observatorio Español del Mercado del Vino indican que el valor medio por litro de las exportaciones de Rioja es un 55% superior a la media de los demás vinos con DOP, multiplica por cuatro el precio medio del conjunto de vinos españoles exportados y es un 23,2% superior a la media de todos los vinos embotellados que importan sus doce principales destinos exteriores.

Además, tras un crecimiento acumulado de 25 millones de botellas entre 2013 y 2015, Rioja ha consolidado en 2016 el record alcanzado el año anterior, con un volumen de comercialización de más de 386 millones de botellas anuales en un centenar de países. Destaca especialmente el signo positivo en el mercado español por cuarto año consecutivo y el nuevo aumento de las ventas de vinos blancos, por encima incluso de otras zonas de referencia en este tipo de vinos, fruto de la estrategia impulsada por Rioja para renovar y diversificar su oferta.

El año 2016 -el del 400 aniversario de la muerte de Miguel de Cervantes- comenzaba con el sobresalto de la salida de la Denominación de una bodega con cierto renombre, del que también el autor del Quijote preferiría no acordarse. Una fuga que algunos titulares sensacionalistas consideraban ‘un terremoto’ para el sector vitivinícola riojano, confundiendo los deseos de quienes los escribían con la realidad. Y aunque el año ha seguido amenizado por las sempiternas veleidades políticas que amenazan con la separación del territorio alavés amparado por la D.O.Ca Rioja, así como con el desaguisado de los criterios de reparto de las nuevas plantaciones de viñedo, que ha hecho olvidar que el verdadero éxito para Rioja es haber conseguido limitar un crecimiento incontrolado y desestabilizador, el balance final de 2016 puede considerarse muy satisfactorio.

Nada ha desviado un ápice a esta denominación de su firme trayectoria, basada en un modelo de calidad que cuenta con la confianza del consumidor, que proporciona rentabilidad a viticultores y bodegas y que ha favorecido el desarrollo de muy diferentes modelos de negocio, desde los viticultores individuales a las cooperativas y desde las pequeñas bodegas de cosechero a las empresas bodegueras más representativas del sector vitivinícola español. (Texto: Javier Pascual / director de La Prensa del Rioja)

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Controversia política sobre los ‘Vinos de Pago Calificado’

Panorámica de viñedos junto al Ebro, cuyos meandros conforman algunos de los ‘pagos’ clásicos de Rioja (Fotomás).

Panorámica de viñedos junto al Ebro, cuyos meandros conforman algunos de los ‘pagos’ clásicos de Rioja (Fotomás).

La propuesta para la creación y desarrollo de la figura de ‘Vinos de Pago Calificado’ que el Consejo Regulador de Rioja estudió a fondo hace ocho años no consiguió suficientes apoyos y se fue diluyendo hasta quedar en vía muerta. El debate en el seno de las correspondientes comisiones de trabajo sobre el modelo de ‘Vinos de Pago’ que se pretendía para Rioja evidenciaba un amplio consenso respecto al alto nivel de exigencia que requeriría la nueva figura tanto en lo cualitativo como en lo cuantitativo y las dificultades que entrañaba encajarla en el modelo actual de la Denominación. Pero el sector bodeguero mayoritario dejó claro el corto recorrido que podía tener la propuesta en ese momento al poner sobre la mesa que no se trataba de ninguna prioridad para el sector, ya que no consideraban que fuera una exigencia del mercado y su implantación podía generar confusión.

La figura de ‘Vinos de Pago Calificado’ en Rioja ha vuelto al primer plano de actualidad con motivo de la tramitación parlamentaria del Proyecto de Ley de Denominaciones de Origen (DO) e Indicaciones Geográficas Protegidas (IGP) de Ámbito Territorial Supraautonómico que el Gobierno presentó el 19 de septiembre de 2014 en el Congreso. Siete grupos parlamentarios han registrado enmiendas al articulado hasta el pasado 10 de febrero en que finalizaba el plazo. Y nos encontramos con dos posturas diametralmente opuestas de los dos partidos políticos mayoritarios. Una de las once enmiendas del Grupo Popular pide “la supresión del término tradicional ‘Vino de pago calificado’ ya que nunca ha sido solicitado”. Por contra, entre las 21 enmiendas parciales del Grupo Parlamentario Socialista se incluye la propuesta de modificar la Ley 24/2003, de 10 de julio, de la Viña y el Vino para incluir una regulación específica para el ‘Vino de Pago Calificado’, como venía “demandando mayoritariamente el sector”, apostilla en su comunicación de la iniciativa. Es una postura a la que se suma el Grupo EAJ-PNV que defiende “el reconocimiento de los pagos vitivinícolas”. Abunda en el asunto UPN con una enmienda sobre el ‘Vino de Pago Calificado’ que pide “corregir lo que cree un error entre los términos tradicionales que indican que el vino está acogido a una DOP o IGP”.

Es preciso señalar que el articulado del Proyecto de Ley a que nos estamos refiriendo incluyó los ‘Vinos de Pago Calificado’ durante toda su gestación, hasta que desapareció del último borrador remitido al sector y finalmente aprobado por el Gobierno. Desde el Consejo Regulador de la D.O. Ca. Rioja se había dado por buena su inclusión durante el periodo de alegaciones y se reclamó a la vista de que había sido eliminado, pues la voluntad mayoritaria del sector es que esta figura, que sí está contemplada en otras denominaciones de origen, también aparezca en la próxima norma reguladora de Rioja, independientemente de cuándo y cómo pueda decidirse su desarrollo. Se trata en definitiva de mantener un criterio básico de igualdad ante la ley de las diferentes zonas vinícolas españolas, de forma que todas puedan disponer de similares herramientas para su desarrollo, pues no debe olvidarse que la Ley 24/2003 de la Viña y el Vino establece el nivel de protección más alto para los vinos de pago, que en el caso de estar ubicados en el territorio de las denominaciones de origen calificadas, como es el caso de Rioja, se definen expresamente como ‘vinos de pagos calificados’. Quizás ahora si está Rioja en el momento oportuno de abordar una innovación de calado como la que representa crear una nueva categoría, pues también el mercado está mucho más maduro. La decisión deben tomarla los viticultores y bodegueros, no los legisladores. (Texto: Javier Pascual / director de La Prensa del Rioja)

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El ‘cluster’ Rioja, ejemplo mundial

Ilustración del artículo de Mikel Larreina publicado en el nº 165 de La Prensa del Rioja.

Ilustración del artículo de Mikel Larreina publicado en el nº 165 de La Prensa del Rioja.

¿Cual es el secreto del éxito de los mejores vinos? Pregunta del millón. Recibía recientemente la reseña de un nuevo libro (‘Strategies of Wine-making territories, Clusters, Governance and Territorial brand’) que recoge las aportaciones de 18 expertos internacionales reunidos en una jornada celebrada en julio de 2012 en el NEOMA Business School. Según explica la directora de Investigación de este centro educativo francés, Valéry Michaux, el objetivo era poder explicar las causas del éxito de un vino, más allá del gusto, del terroir y del marketing. El resultado de la investigación rompe con el mito de que el éxito del vino se debe únicamente a la alquimia entre la composición del suelo, el clima y los conocimientos técnicos locales. “Este trabajo de fondo –afirma Michax- nos ha permitido identificar los tres principales factores -además de la calidad organoléptica del vino mismo- que explican el éxito de un territorio vitícola: la alianza estratégica entre profesionales de un sector local, una gobernanza fuerte e implicada, y el “efecto clúster” son los elementos clave del éxito”.  Como apunta la reseña de la publicación, “los investigadores han analizado casos de distintos viñedos en todo el mundo, incluyendo los de las exitosas regiones de Champagne y Rioja”. “Gracias a la alquimia de los diferentes círculos conectados entre sí (una fuerte cultura empresarial, la competencia directa, gran emulación y cooperación, la experimentación continua, la innovación, la ayuda mutua y la solidaridad), el efecto clúster constituye el impulso sin el cual algunas regiones del mundo jamás podrían haberse hecho un hueco en el panorama internacional vitícola”.

Nos alegra la inclusión de Rioja como referente de éxito a nivel mundial. Con motivo de la redacción del Plan Estratégico de Rioja 2005-2020, dirigido por el catedrático Fernando Gómez Bezares, se acuñó el término ‘enópolis’ para definir el importante cluster del vino constituido históricamente en Rioja, un concepto que hemos divulgado ampliamente en las páginas de La Prensa del Rioja y que está presente en varios libros sobre la Denominación publicados en los últimos años. “El vino de Rioja forma un ‘cluster’ sobre el que el concepto de ‘distrito industrial’ añade connotaciones territoriales, históricas, culturales, incluso de identificación entre la sociedad y determinada actividad económica, lo que hace a las empresas del distrito más competitivas”, escribe Fernando Gómez Bezares en el libro ‘Campo Viejo, la revolución del Rioja’. “Mirando la historia, el ‘cluster’ del Rioja se ha ido construyendo en los últimos mil años, o incluso desde el Imperio Romano, pero fue a finales del siglo XIX cuando tomó el impulso del que hoy disfrutamos. Diferentes factores ayudaron a impulsar el Rioja: un mercado muy amplio y cercano gracias al auge del País Vasco, fáciles comunicaciones con esa zona y con los puertos gracias al ferrocarril, interés del mundo del vino francés, afectado por la filoxera, e inversiones de industriales vascos en nuestra tierra”, concluye el Dr. Bezares.

Por su parte, Mikel Larreina, profesor de Finanzas de la Universidad de Deusto, escribía en La Prensa del Rioja de septiembre de 2006 que “el cluster del vino en Rioja es paradigmático a nivel mundial por la enorme importancia que tiene en la economía regional y en su desarrollo reciente”. Según las conclusiones de su estudio “el cluster del vino Rioja da empleo fijo a unas 14.000 personas y aporta un 21% del PIB regional, cifras que nos permiten afirmar que este cluster es radicalmente distinto al de otros lugares. En el territorio de la D.O.Ca. Rioja hay empresas toneleras, de fabricación de cápsulas y tapones, de maquinaria enológica, de depósitos de acero inoxidable, de cajas… junto a viveros, alcoholeras, asesorías jurídicas y económicas, ingenierías, consultoras de comunicación y publicidad, empresas de transporte, centros privados de formación, programas universitarios específicos, actividades de hostelería y turismo relacionadas con el vino, etc. Este tipo de configuración económica es muy provechoso, dado que permite un mejor reparto de los beneficios del sector vitivinícola en la sociedad regional”. (Texto: Javier Pascual / director de La Prensa del Rioja)

 

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San Millán de la Cogolla, monasterio viticultor en Rioja

El Monasterio de San Millán de la Cogolla pintado por el artista riojano Eustaquio Uzqueda.

El Monasterio de San Millán de la Cogolla pintado por el artista riojano Eustaquio Uzqueda.

La próxima semana se celebrará en el monasterio de San Millán el tradicional acto institucional del Día de La Rioja. Es un lugar emblemático para la comunidad riojana, lo que le convierte en escenario de celebraciones importantes. Fue, por ejemplo, el lugar donde se celebró el acto de constitución de la Cofradía del Vino de Rioja, que a finales de este mes conmemorará allí aquel primer capítulo de junio de 1984.

Y es que el monasterio de San Millán no solo nos legó las primeras palabras escritas en español por un monje anónimo en el Siglo X, sino también al primer poeta conocido de nuestro idioma, el lugareño Gonzalo de Berceo, que nos brindó en sus versos la primera referencia literaria al vino en nuestra lengua: “bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino”. Y en otra de sus obras, ‘Los milagros de Nuestra Señora’, el protagonista de la historia es un monje que visitaba con mayor frecuencia de lo aconsejable la bodega del monasterio. “El vino significa a Dios nuestro Señor, el agua significa al pueblo pecador”, sentenció el poeta riojano a mediados del Siglo XIII.

Durante toda la Edad Media el cultivo de la vid en Rioja aparece muy ligado a la iglesia y los monasterios, al igual que ocurrió en las zonas vinícolas europeas de renombre, sin duda por la trascendencia que el vino tenía para la religión cristiana. Fueran o no, como se dice, la siesta y el champán dos aportaciones decisivas de los benedictinos a la civilización, lo cierto es que la difusión de las órdenes monásticas de Cluny y el Císter permitió que los esquejes de las cepas borgoñonas y sus técnicas de cultivo y vinificación viajaran por toda Europa y fructificaran en los campos riojanos.

Durante la época de repoblación, los monjes ampliaron las zonas de viñedo mediante el llamado “contrato de plantación”, que permitía a los campesinos hacerse con la propiedad de los majuelos, como ocurrió en el siglo once en las villas de Alesanco, Cañas, Nájera y Tricio. Pero la mayor parte de las viñas propiedad del Monasterio de San Millán las cuidaban y cosechaban por cuenta de éste sus collazos y casatos, destinando una parte del vino al consumo propio y vendiendo el resto en la Corte de Nájera y en las hospederías de peregrinos de la Ruta Jacobea. Fueron los primeros puntos de consumo de este incipiente comercio controlado por el monacato emilianense, que mantendría intacto hasta el siglo XV su poder feudal. Todavía en el siglo XVI y siguientes, hasta la desamortización de Mendizábal en el XIX, el histórico cenobio poseía viñedos en localidades como Cárdenas, donde en 1.730 el administrador contabilizó dos mil cántaras, o en Casalarreina, donde en 1.815 vendió unas tres mil cántaras por valor de veintiséis mil reales.

Como escribía en La Prensa del Rioja el doctor en Historia Juan Manuel Palacios Sánchez el año en que San Millán fue declarado por la UNESCO ‘Patrimonio de la Humanidad’, “a través de más de ocho siglos, el más significativo y trascendental monasterio de La Rioja, ha reiterado su vocación vinícola, proyectando esta vocación en sus gentes, su economía, costumbres y folklore, o lo que es lo mismo, en la vida y cultura del pueblo riojano”. (Texto: Javier Pascual / director de La Prensa del Rioja)

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Una gran cata convierte a Bruselas en capital mundial del vino

Además del autor de este blog, dos prestigiosos técnicos de Rioja han participado en el jurado del XX Concurso Mundial de Bruselas: el enólogo José Hidalgo y el profesor de la Universidad de La Rioja Antonio Tomás Palacios.

Además del autor de este blog, dos prestigiosos técnicos de Rioja han participado en el jurado del XX Concurso Mundial de Bruselas: el enólogo José Hidalgo y el profesor de la Universidad de La Rioja Antonio Tomás Palacios.

El pasado fin de semana tuve la oportunidad de participar como jurado en el Concurso Mundial de Bruselas, que está considerado el mayor concurso itinerante de cata de vinos del mundo. Para que se hagan una idea, en la edición de este año han participado más de 8.000 vinos procedentes de 58 países productores y el jurado ha estado formado por 310 catadores de 51 países. La magnitud del concurso y de la organización que conlleva permite afirmar que Bruselas se ha convertido en la capital mundial del vino durante los tres intensos días que han durado las catas.

Entre los objetivos del concurso figuran desarrollar la cultura y el conocimiento del vino, intentando ayudar al consumidor en sus decisiones de compra y favoreciendo el descubrimiento de nuevos vinos. Por otra parte, resulta igualmente un interesante ‘termómetro’ de la salud del sector del vino y una fotografía anual de la vitivinicultura internacional, porque permite detectar y confirmar los cambios de tendencias. Así por ejemplo, este año se ha constado la tendencia del mercado hacia una subida de gama, dado que un tercio de los vinos presentados está valorado en más de nueve euros. Según los datos facilitados por la organización, la totalidad de los vinos inscritos representa más de 750 millones de botellas comercializadas en el mundo. Por países, Francia mantiene su liderazgo con casi 2.500vinos inscritos, de los que 1.055 son de Burdeos, la región más dinámica en el concurso. España ocupa la segunda posición con 1.615 vinos presentados, seguida por Italia, Portugal y Chile. La Denominación Rioja ha estado representada con 336 muestras.

En mi caso me tocó valorar vinos de 15 regiones de diferentes países, entre las que no estaba Rioja. Pero eso lo supe después, porque las catas eran ciegas y solo al final de cada jornada nos facilitaban el listado de los vinos catados. Y no faltan las sorpresas, que en unos casos son agradables, por mejorar el concepto que uno puede tener de determinados vinos, y en otros casos de auténtica decepción. Me ocurrió lo primero con un lote de vinos del Alentejo, al sur de Portugal, que presentaban en algún caso gran similitud con los tempranillos de Rioja, y lo segundo con un lote de Burdeos de la última cosecha y otro de Champagne. Una valoración con la que coincidimos los cinco catadores que formábamos el equipo de cata, uno de cada país.

Pero no siempre se da esa coincidencia de valoraciones, como me confesaba un periodista colombiano al que le había tocado catar un lote de reservas de Rioja. No entendía cómo sus compañeros de equipo centroeuropeos puntuaban tan bajo unos vinos que él consideraba excelentes. Ocurre en todos los concursos. Aunque hay mecanismos correctores para evitar que puedan pesar demasiado los gustos personales de un catador, el que las muestras sean valoradas por un equipo u otro influye a la hora de obtener medalla.

El Concurso Mundial de Bruselas fue creado por ‘Vinopress’, la empresa belga editora de la revista especializada ‘Vino’, y ha sido itinerante desde 2006, viajando a diversas regiones europeas de producción vinícola, como Burdeos, Sicilia y Bratislava. Con motivo del veinte aniversario del concurso, Bruselas ha acogido de nuevo la edición 2014, pero ya se ha anunciado que la próxima será en Venecia. Y con vistas a estudiar la posibilidad de acogerlo en dos o tres años en Rioja, como ha ofrecido la organización, una delegación del Consejo Regulador formada por los presidentes de la Comisión de Promoción, José Luis Benítez, y de la Comisión Técnica, Fernando Ezquerro, ha asistido al concurso para observar su desarrollo y repercusión. La propia organización lo define como ‘un gran viaje de prensa’, ya que una gran parte del jurado son periodistas especializados. Será una buena oportunidad para proyectar al mundo la imagen y posición de liderazgo que nuestra Denominación ha alcanzado. (Texto: Javier Pascual / director de La Prensa del Rioja)

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Récord de producción y de caída del consumo de vino en España

 

Impulsar el conocimiento de la cultura del vino y su consumo entre los jóvenes españoles es un reto fundamental para el sector vitivinícola.

Impulsar el conocimiento de la cultura del vino y su consumo entre los jóvenes españoles es un reto fundamental para el sector vitivinícola.

Sabemos que España es así, país de contrastes y contradicciones. Proclamamos a los cuatro vientos que en el año 2013 hemos conseguido superar en producción de vino a los dos países que tradicionalmente han ostentado ese liderazgo, que son Italia y Francia. España siempre ha tenido la mayor superficie de viñedo, pero sus rendimientos por hectárea eran bajos. A pesar de la notable disminución de hectáreas en estos últimos años, la modernización de la viticultura acompañada de la bonanza climatológica en zonas como La Mancha, ha traído este record productivo español y ese liderazgo inédito hasta la fecha. En esta ocasión Rioja no ha contribuido a desbordar los odres de vino, pues como todos saben hubo una cosecha corta en 2013, inferior incluso al volumen de ventas conseguido durante ese año, que en eso si han puesto empeño los bodegueros riojanos para superar récords.  

Frente a esa buena noticia de que los españoles somos capaces de producir más vino que los vecinos franceses e italianos, y sin entrar a valorar la espinosa cuestión de si también seremos capaces de venderlo mejor, lo que me parece una flagrante contradicción es que también hayamos batido el record de caída del consumo de vino. A una velocidad de vértigo, durante los últimos veinte años el consumo de vino por habitante se ha reducido en España a la mitad del que tienen los franceses. Un dato que avergüenza recordar cuando estamos sacando pecho por alcanzar un nuevo liderazgo mundial que sumar a los conseguidos en futbol y otros deportes.  

Escribe esta semana mi buen amigo Salvador Manjón en La Semana Vitivinícola sobre el consumo interno y “los pocos esfuerzos que desde los colectivos implicados se hacen por darle una solución satisfactoria”. Afirma que “llevamos años lamentándonos de que el consumo cae, que la única alternativa para nuestro sector es la exportación y que cada vez más nuestras bodegas e instituciones le dan la espalda al mercado interior y a sus consumidores”. Y concluye expresando sus deseos de que “nuestras empresas elaboren productos con alto valor añadido, que nuestros vinos no sean ese producto del que abastecerse a bajo precio con el que resultar más competitivos en los mercados internacionales”. Esa debacle del consumo de vino en España, por más que todos venimos lamentándola hasta la saciedad desde hace años, sigue sin visos de solución. Países como Estados Unidos están cerca de alcanzarnos en consumo por habitante.  

Otra cuestión es la orientación estratégica hacia la elaboración de productos con mayor valor añadido, algo en lo que Rioja ha sido punta de lanza. Como región líder de los vinos de calidad españoles, para Rioja es positivo que se hable de España como primer productor mundial, pues si nuestro país es capaz de proyectar una buena imagen, siempre ayudará a que todas las regiones vinícolas puedan exportar más y mejor. Pero sin renunciar a un crecimiento que en los últimos años se ha mantenido dentro de un marco de equilibrio entre producción y ventas, el objetivo fundamental de Rioja ha sido siempre ser líderes en calidad y posicionamiento en los mercados de más valor añadido. A esa estrategia responden medidas como la limitación de los rendimientos de producción de uva por hectárea. Los buenos resultados de esta política han quedado plasmados en las ventas alcanzadas por los vinos de Rioja en 2013, ya que han aumentado tanto en volumen como en valor añadido gracias a la especialización en los vinos criados en barrica. Sin duda un ejemplo a seguir para el conjunto del sector vinícola español. (Texto: Javier Pascual / director de La Prensa del Rioja)

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Las categorías de Rioja según el envejecimiento

Botellas-BPor aquello de la Navidad y las celebraciones, los reservas y grandes reservas de Rioja han protagonizado las informaciones vitivinícolas del fin de año. Como todo el mundo sabe, son dos de las cuatro categorías en que se clasifican los vinos de Rioja según el proceso de envejecimiento que hayan seguido. Estas cuatro categorías están diferenciadas en las botellas que llegan al consumidor mediante los cuatro tipos de contraetiquetas o precintas numeradas que el Consejo Regulador otorga a aquellos vinos que han superado sus controles, tanto de calidad como de tiempo de envejecimiento en barrica y en botella. El reglamento de la Denominación especifica con precisión los requisitos mínimos que deben cumplir los vinos para tener derecho a ostentar una de esas cuatro categorías. 

Rioja fue la cuna del establecimiento de las categorías de envejecimiento, que ya se utilizaban de forma un tanto ‘discreccional’ por las bodegas en sus etiquetados antes de recibir reconocimiento legal y establecerse los mecanismos necesarios para su control y certificación mediante contraetiquetas diferenciadas por parte del Consejo Regulador. Seguramente muchos pensarán que esta clasificación es tan antigua como la propia Denominación, ya casi centenaria, pero en realidad no fue hasta finales de los años setenta cuando se crearon. 

En el Reglamento de la Denominación Rioja de 1970 se diferenciaban por primera vez los vinos de crianza, estableciendo para ellos el requisito de un año como mínimo en barrica. Pero no será hasta abril de 1974 cuando el Consejo Regulador comience a expedir una contraetiqueta diferenciada para estos vinos. El Reglamento reformado en 1976 mantiene la misma definición y requisitos para los vinos de crianza y añade un punto que menciona las categorías de Reserva y Gran Reserva, cuyas características y requisitos deberá proponer el Consejo Regulador al INDO para su aprobación. Esta normativa que reglamenta el uso de las indicaciones relativas a la calidad, edad y crianza de los vinos aparece en agosto de 1979, por lo que de inmediato pone en marcha el Consejo Regulador de Rioja la expedición de las correspondientes contraetiquetas, quedando establecidas desde entonces las cuatro categorías que se mantienen hasta la actualidad sin apenas variación en cuanto a los requisitos de permanencia en barrica para cada una de ellas. Poco después se incorporó también de forma obligatoria en estas contraetiquetas la indicación de la añada (la cosecha 1980 fue la primera que la llevó de forma generalizada).  

El tiempo de envejecimiento de los vinos es por tanto el único criterio que hay establecido actualmente para la clasificación oficial de los vinos de Rioja en cuatro categorías. Es un criterio que ha funcionado bien desde el punto de vista comercial durante casi cuarenta años y que han imitado en otras zonas vinícolas españolas, pero que no se utiliza en la mayoría de las zonas productoras del mundo, donde la añada suele ser la única indicación del envejecimiento. Ante la evolución que ha experimentado en este periodo la demanda de los consumidores y los estilos de elaboración de los vinos, creo que podría ser un buen momento para plantearse la conveniencia de que este modelo de clasificación de los vinos de Rioja evolucione también. Es cuestión de analizar y sopesar ventajas e inconvenientes, porque nada hay inamovible. (Texto: Javier Pascual / director de La Prensa del Rioja)

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