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Calificaciones y calificaciones: cuestión de credibilidad

La valoración oficial de la cosecha 2015 de Rioja se ha obtenido de la calificación de 4.475 muestras, mientras que en otra prestigiosa denominación ha sido suficiente la cata de 10 muestras previamente seleccionadas.

La valoración oficial de la cosecha 2015 de Rioja se ha obtenido de la calificación de 4.475 muestras, mientras que en otra prestigiosa denominación ha sido suficiente la cata de 10 muestras previamente seleccionadas.

Al público consumidor le gustan las calificaciones de cosecha porque, al menos en teoría y con carácter muy general, le proporcionan una orientación básica sobre la calidad de los vinos de una determinada añada, del mismo modo que pueden hacerlo las puntuaciones que los críticos otorgan a las diferentes marcas que valoran en sus catas. Estos mismos críticos no son sin embargo muy partidarios de las calificaciones de cosecha porque consideran que una nota media global es pura aritmética, ya que en toda cosecha hay un amplio abanico de calidades, que es lo que realmente se va a encontrar el consumidor cuando descorche una botella de esa cosecha.

A principios de los años ochenta, Rioja fue pionera en la puesta en marcha de la calificación de los vinos elaborados en cada cosecha, requisito imprescindible para alcanzar la categoría máxima de D.O. Calificada que consiguió en 1991. De ese minucioso examen, tanto analítico como de cata, de las muestras tomadas por los veedores del Consejo bodega a bodega, depósito por depósito, se obtienen dos conclusiones. La primera y más importante, si cada muestra merece o no, en base a su calidad, obtener la certificación del Consejo como vino de Rioja. La segunda es pura estadística: de los resultados obtenidos tras catar y analizar las 4.454 muestras tomadas de esta última cosecha 2015 se obtiene una media que constituye la valoración oficial de la cosecha.

Independientemente del valor y utilidad que uno pueda darle a esta valoración general de la cosecha, resulta obvio que desde un punto de vista técnico la objetividad es impecable. Imaginen ahora que, en lugar de proceder calculadora en mano para obtener la media estadística, los responsables técnicos del Consejo realizaran una selección de medio centenar de vinos (el 1% de las muestras totales) y los sometieran a la valoración de un grupo de expertos catadores para que éstos emitieran su veredicto sobre la calidad de la cosecha. Resultaría prácticamente imposible que ninguna cosecha obtuviera otra nota que no fuera excelente. Cualquier cosecha, por irregular que sea, tiene un porcentaje significativo de vinos excelentes, particularmente en Rioja que abarca un territorio con características climáticas y edafológicas diversas.

Pues esta hipótesis que planteo no es ninguna entelequia, es lo que literalmente se ha hecho en una prestigiosa denominación de origen española, según explica con detalle la nota de prensa oficial de la calificación de cosecha emitida simultáneamente a la de Rioja el pasado 8 de abril. Dice la nota que el Consejo Regulador de esa denominación “ha contado con la opinión de un Comité Excepcional de Calificación de la Cosecha, formado por nueve de los mejores sumilleres de España, que el 4 de abril llevaron a cabo una cata a ciegas de diez vinos representativos de la región previamente seleccionados por el Departamento Técnico, tras sucesivas catas de más de 300 referencias“.

En absoluto dudo de que la calificación ‘excelente’ otorgada por unanimidad por tan egregio jurado pueda hacerse extensiva este año al conjunto de la cosecha de esa denominación, pero no creo que el método contribuya a dar a las denominaciones de origen y sus consejos reguladores la credibilidad necesaria. De lo que sí estoy seguro es de que algunos de esos prescriptores que han puesto en solfa la utilidad de las valoraciones generales de cosecha no solo pasan ahora por alto hacer comentario alguno, sino que incluso se prestan complacientes a participar en el juego. (Texto: Javier Pascual, director de La Prensa del Rioja)

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El impacto de las denominaciones de origen en la valoración de las marcas

Una investigación de la Asociación de Economistas Americanos del Vino ha cuantificado el impacto positivo de la denominación de origen sobre las marcas.

Una investigación de la Asociación de Economistas Americanos del Vino ha cuantificado el impacto positivo de la denominación de origen sobre las marcas.

Una investigación de la Asociación de Economistas Americanos del Vino ha cuantificado el impacto de la denominación de origen sobre las marcas en términos de valoración cualitativa del consumidor. La conclusión del estudio ha sido que las inversiones en promoción genérica de una denominación de origen tienen un impacto positivo sobre las marcas de vinos que pertenecen a ella y que ese impacto positivo es tanto mayor cuanto mayor sea el reconocimiento que una determinada marca tenga en el mercado.

El estudio se realizó este pasado mes de enero en base a una muestra de 6.394 consumidores de 7 países y llega incluso a desarrollar formulas matemáticas. El objetivo del análisis han sido los vinos franceses, con especial atención a la región de Burdeos, pero sus conclusiones resultan perfectamente extrapolables a las regiones vinícolas que están organizadas en base al modelo de denominaciones de origen.

La cuantificación que hace el estudio de la repercusión de la promoción genérica de la denominación de origen sobre las marcas permite establecer que éstas obtienen entre un 5% y 15% de reputación adicional a la que conseguirían trabajando de manera individual y fuera de la marca colectiva. También resulta significativo el hecho de que esta repercusión varíe en función de la notoriedad de la marca, es decir, que cuanto mayor prestigio tiene una marca, mayor provecho obtiene en términos de imagen de la promoción genérica de la D.O.

Si tenemos en cuenta que el estudio se ha centrado en una denominación como Burdeos, que goza del máximo reconocimiento en los mercados internacionales tanto a nivel colectivo como de sus marcas, es fácil concluir que la repercusión que tiene la promoción genérica de la denominación en la valoración de las marcas por los consumidores se incrementa sustancialmente para la mayoría de regiones vitivinícolas amparadas por denominaciones de origen con menos notoriedad que Burdeos. Es una realidad contrastada que el paraguas de la marca colectiva resulta una herramienta fundamental para allanar el camino de la comercialización a las marcas, tanto más necesaria cuanto menor sea el reconocimiento de una marca en los mercados. De hecho, como muchos responsables de Marketing del sector reconocen, ese impacto positivo de la denominación sobre la imagen de la marca podría situarse en muchos casos en el entorno del 50%. (Texto: Javier Pascual / director de La Prensa del Rioja)

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Controversia política sobre los ‘Vinos de Pago Calificado’

Panorámica de viñedos junto al Ebro, cuyos meandros conforman algunos de los ‘pagos’ clásicos de Rioja (Fotomás).

Panorámica de viñedos junto al Ebro, cuyos meandros conforman algunos de los ‘pagos’ clásicos de Rioja (Fotomás).

La propuesta para la creación y desarrollo de la figura de ‘Vinos de Pago Calificado’ que el Consejo Regulador de Rioja estudió a fondo hace ocho años no consiguió suficientes apoyos y se fue diluyendo hasta quedar en vía muerta. El debate en el seno de las correspondientes comisiones de trabajo sobre el modelo de ‘Vinos de Pago’ que se pretendía para Rioja evidenciaba un amplio consenso respecto al alto nivel de exigencia que requeriría la nueva figura tanto en lo cualitativo como en lo cuantitativo y las dificultades que entrañaba encajarla en el modelo actual de la Denominación. Pero el sector bodeguero mayoritario dejó claro el corto recorrido que podía tener la propuesta en ese momento al poner sobre la mesa que no se trataba de ninguna prioridad para el sector, ya que no consideraban que fuera una exigencia del mercado y su implantación podía generar confusión.

La figura de ‘Vinos de Pago Calificado’ en Rioja ha vuelto al primer plano de actualidad con motivo de la tramitación parlamentaria del Proyecto de Ley de Denominaciones de Origen (DO) e Indicaciones Geográficas Protegidas (IGP) de Ámbito Territorial Supraautonómico que el Gobierno presentó el 19 de septiembre de 2014 en el Congreso. Siete grupos parlamentarios han registrado enmiendas al articulado hasta el pasado 10 de febrero en que finalizaba el plazo. Y nos encontramos con dos posturas diametralmente opuestas de los dos partidos políticos mayoritarios. Una de las once enmiendas del Grupo Popular pide “la supresión del término tradicional ‘Vino de pago calificado’ ya que nunca ha sido solicitado”. Por contra, entre las 21 enmiendas parciales del Grupo Parlamentario Socialista se incluye la propuesta de modificar la Ley 24/2003, de 10 de julio, de la Viña y el Vino para incluir una regulación específica para el ‘Vino de Pago Calificado’, como venía “demandando mayoritariamente el sector”, apostilla en su comunicación de la iniciativa. Es una postura a la que se suma el Grupo EAJ-PNV que defiende “el reconocimiento de los pagos vitivinícolas”. Abunda en el asunto UPN con una enmienda sobre el ‘Vino de Pago Calificado’ que pide “corregir lo que cree un error entre los términos tradicionales que indican que el vino está acogido a una DOP o IGP”.

Es preciso señalar que el articulado del Proyecto de Ley a que nos estamos refiriendo incluyó los ‘Vinos de Pago Calificado’ durante toda su gestación, hasta que desapareció del último borrador remitido al sector y finalmente aprobado por el Gobierno. Desde el Consejo Regulador de la D.O. Ca. Rioja se había dado por buena su inclusión durante el periodo de alegaciones y se reclamó a la vista de que había sido eliminado, pues la voluntad mayoritaria del sector es que esta figura, que sí está contemplada en otras denominaciones de origen, también aparezca en la próxima norma reguladora de Rioja, independientemente de cuándo y cómo pueda decidirse su desarrollo. Se trata en definitiva de mantener un criterio básico de igualdad ante la ley de las diferentes zonas vinícolas españolas, de forma que todas puedan disponer de similares herramientas para su desarrollo, pues no debe olvidarse que la Ley 24/2003 de la Viña y el Vino establece el nivel de protección más alto para los vinos de pago, que en el caso de estar ubicados en el territorio de las denominaciones de origen calificadas, como es el caso de Rioja, se definen expresamente como ‘vinos de pagos calificados’. Quizás ahora si está Rioja en el momento oportuno de abordar una innovación de calado como la que representa crear una nueva categoría, pues también el mercado está mucho más maduro. La decisión deben tomarla los viticultores y bodegueros, no los legisladores. (Texto: Javier Pascual / director de La Prensa del Rioja)

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